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El Mediterráneo se ha calentado 1,6 grados desde 1982 y aumenta el potencial destructivo de las DANAs

El aumento de la temperatura del mar favorece una mayor disponibilidad de humedad y energía para las tormentas. Un estudio sobre la DANA de Valencia de 2024 estima que el calentamiento global intensificó un 21 % las precipitaciones de aquella jornada.

El mar Mediterráneo ha experimentado un calentamiento de aproximadamente 1,6 grados centígrados entre 1982 y 2023, según los registros del Centro de Estudios Ambientales del Mediterráneo (CEAM). Este incremento modifica las condiciones atmosféricas en las que se desarrollan los episodios de lluvias intensas, especialmente durante el otoño.

Los datos de la Agencia Estatal de Meteorología (AEMET) apuntan a un aumento de la temperatura superficial del Mediterráneo de alrededor de 0,34 grados por década desde comienzos de los años ochenta, una tendencia que favorece una mayor evaporación y disponibilidad de vapor de agua.

El calentamiento del mar no provoca por sí solo la formación de una depresión aislada en niveles altos (DANA), pero puede contribuir a intensificar las precipitaciones cuando coinciden otros factores meteorológicos, como la entrada de aire frío en altura, los vientos húmedos y la persistencia de las tormentas sobre una misma zona.

El climatólogo Jorge Olcina, de la Universidad de Alicante, advierte de que el aumento de las temperaturas del aire y del mar seguirá condicionando los episodios meteorológicos extremos durante las próximas décadas.

Un estudio estima que el cambio climático intensificó las lluvias de la DANA de 2024

La relación entre el calentamiento y las precipitaciones se explica, en parte, por la capacidad de la atmósfera para contener vapor de agua, que aumenta aproximadamente un 7 % por cada grado de incremento de temperatura.

Con un Mediterráneo más cálido, las tormentas pueden disponer de una mayor cantidad de humedad, aunque su intensidad final depende también de la circulación atmosférica, el relieve y la duración de las precipitaciones.

Un estudio de atribución climática liderado por investigadores de la Universidad de Valladolid y la AEMET, con participación del CSIC, analizó la influencia del calentamiento de origen humano en la DANA que afectó a Valencia el 29 de octubre de 2024.

Según sus resultados, el cambio climático habría provocado un aumento aproximado del 21 % en la intensidad de las precipitaciones durante aquella jornada, además de un 19 % más de volumen total de lluvia en la cuenca del Júcar.

La investigación también estimó un incremento del 55 % en la superficie afectada por precipitaciones superiores a 180 litros por metro cuadrado.

Estas conclusiones no significan que el calentamiento global originara la DANA, sino que las condiciones climáticas actuales pudieron aumentar la intensidad y extensión de las lluvias asociadas a aquel episodio.

Los especialistas señalan que el Mediterráneo es una de las regiones especialmente sensibles al cambio climático, con un aumento sostenido de la temperatura del agua y episodios de calor marino cada vez más intensos.

No obstante, un mar más cálido no implica que todas las DANAs produzcan lluvias extraordinarias. La evolución de cada episodio depende de múltiples factores meteorológicos y geográficos.

Ante este escenario, los expertos insisten en la importancia de mejorar la prevención, la planificación territorial y la respuesta a los avisos meteorológicos para reducir los riesgos asociados a las precipitaciones extremas.

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