La «ratonera» de la AP-7 en Pilar de la Horadada vuelve a inundarse siete años después y reabre el debate sobre su seguridad
La dana Adam dejó 13 personas atrapadas en los túneles de la autopista, que ya sufrieron graves inundaciones en 2019. La repetición del problema reaviva las dudas sobre su protección frente a lluvias torrenciales.
Los
túneles de la AP-7 a su paso por Pilar de la Horadada, en la provincia de
Alicante, vuelven a estar en el centro de la preocupación por su vulnerabilidad
ante las lluvias intensas. La dana Adam provocó el pasado 19 de octubre una
nueva inundación de esta infraestructura, obligando a rescatar a 13 personas
que quedaron atrapadas en sus vehículos.
La
tormenta descargó alrededor de 50 litros por metro cuadrado en apenas 45
minutos, provocando una rápida acumulación de agua que obligó a cortar la
autopista en ambos sentidos entre los kilómetros 770 y 774.
Los
afectados fueron evacuados por los servicios de emergencia y trasladados al
albergue municipal, donde recibieron asistencia. La inundación dejó también
vehículos bloqueados y grandes cantidades de barro en el interior de los
túneles.
La
circulación no quedó completamente restablecida hasta el viernes 23 de octubre,
cuatro días después del incidente.
Una
infraestructura que ya se inundó en 2019
El
episodio ha reabierto el debate sobre la seguridad de un tramo que ya sufrió
inundaciones durante la histórica dana de septiembre de 2019.
La
cuenta meteorológica MeteOrihuela ha calificado este punto como una «auténtica
ratonera», advirtiendo de su peligrosidad durante los episodios de tiempo
adverso y recordando que no es la primera vez que queda anegado.
La
preocupación resulta especialmente significativa porque el túnel, de
aproximadamente 800 metros de longitud, es una infraestructura estratégica para
las comunicaciones entre Alicante y la Región de Murcia.
Además, el Ministerio de Transportes finalizó en diciembre de 2025 unas obras de modernización valoradas en 3,5 millones de euros, destinadas a mejorar las instalaciones de seguridad, iluminación, señalización y control del tráfico. Sin embargo, aquella intervención no acredita por sí misma que se resolvieran los problemas de drenaje frente a precipitaciones extremas.
Tras
la última inundación, el Ayuntamiento de Pilar de la Horadada se ha mostrado
partidario de cerrar preventivamente los túneles cuando se declare una alerta
meteorológica naranja, con el objetivo de evitar que los conductores puedan
quedar atrapados.
La
repetición de estos episodios, separados por siete años, vuelve a poner sobre
la mesa la necesidad de revisar la protección hidráulica de la infraestructura
y determinar qué actuaciones adicionales permitirían reducir el riesgo.
Aunque
la autopista ya ha recuperado la normalidad, la inundación de octubre deja una
cuestión pendiente: cómo impedir que unas lluvias torrenciales vuelvan a
convertir este paso de la AP-7 en una trampa para los conductores.












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