El Mediterráneo acelera su calentamiento y ya registra cambios significativos a miles de metros de profundidad

Una reconstrucción de la evolución del Mediterráneo entre 1950 y 2025 revela que el mar es ahora más cálido y salino y que el ritmo de transformación se está acelerando en determinadas regiones y profundidades.

El mar Mediterráneo no solo se está calentando y volviendo más salino, sino que ambos procesos muestran una aceleración que alcanza incluso las capas profundas. Así lo concluye una investigación desarrollada por Elena Terzić e Ivica Vilibić, investigadores del Instituto Ruđer Bošković de Croacia, que ha reconstruido la evolución de las aguas mediterráneas durante los últimos 75 años.

El trabajo, publicado en la revista científica Geophysical Research Letters, combina observaciones históricas realizadas desde barcos, mediciones oceanográficas regionales y los registros obtenidos durante las últimas décadas mediante los flotadores autónomos del programa Argo.

La investigación permite disponer de una imagen de los cambios experimentados entre 1950 y 2025 y, especialmente, estudiar cómo han evolucionado a diferentes profundidades. Los científicos comprobaron que no se trata únicamente de una tendencia sostenida, sino que en determinadas zonas el propio ritmo de calentamiento y salinización está aumentando.

Esta diferencia resulta especialmente relevante. Una tendencia constante significaría que la temperatura aumenta aproximadamente a la misma velocidad con el paso de las décadas. La aceleración detectada indica, en cambio, que el incremento se hace progresivamente más rápido.

En algunas regiones del Mediterráneo, la aceleración térmica supera los 0,2 grados por década al cuadrado y alcanza máximos próximos a los 0,3 grados. La salinidad presenta igualmente una aceleración, aunque con importantes diferencias regionales, que puede llegar hasta aproximadamente 0,1 por década al cuadrado.

Los datos muestran además que la señal del calentamiento penetra progresivamente hacia el fondo. Tomando como referencia la temperatura media registrada entre 1950 y 1999, las anomalías recientes alcanzan aproximadamente 2,04 grados en los primeros 100 metros. Entre los 100 y los 300 metros se sitúan alrededor de 1,13 grados y entre los 300 y los 1.000 metros rondan los 0,62 grados.

Incluso entre los 1.000 y los 2.000 metros permanece una anomalía térmica aproximada de 0,21 grados. Según los investigadores, el calentamiento y el aumento de la salinidad resultan estadísticamente significativos hasta profundidades de entre 3.000 y 4.000 metros, mientras que la aceleración de los cambios puede apreciarse hasta unos 2.500 metros.

El Adriático, una de las zonas clave para entender los cambios

Uno de los puntos especialmente relevantes del estudio es el mar Adriático y, particularmente, su sector meridional. A unos 1.000 metros de profundidad, los investigadores han observado allí un calentamiento aproximado de 0,11 grados por década y una aceleración térmica local cercana a los 0,23 grados por década al cuadrado.

La importancia de esta zona va más allá del calentamiento local. El Adriático es uno de los lugares donde se forman aguas densas que posteriormente se hunden y se desplazan hacia otras regiones del Mediterráneo, participando así en la renovación de sus capas profundas.

Los trabajos de los investigadores apuntan a que la salinidad está adquiriendo un papel cada vez más importante en este proceso. Tradicionalmente, las bajas temperaturas contribuyen a aumentar la densidad del agua y facilitar su hundimiento. Sin embargo, el incremento de la concentración de sal también eleva la densidad, de modo que actualmente las aguas que alcanzan suficiente densidad para descender pueden hacerlo siendo más cálidas y saladas que décadas atrás.

Temperatura y salinidad actúan, de hecho, en sentidos opuestos sobre la densidad. El calentamiento tiende a reducirla, mientras que el aumento de salinidad contribuye a incrementarla. La combinación de ambos procesos explica que puedan producirse transformaciones importantes en las características del Mediterráneo sin que la densidad varíe en la misma proporción.

Este equilibrio tiene especial importancia para la circulación marina, ya que la densidad determina la capacidad del agua superficial para hundirse y contribuir a la renovación de las capas profundas.

Los científicos consideran además al Mediterráneo un auténtico laboratorio natural para estudiar transformaciones que también pueden producirse en los grandes océanos. Su tamaño relativamente reducido, su carácter semicerrado, su sensibilidad a las condiciones atmosféricas y la existencia de una extensa serie histórica de observaciones permiten identificar con mayor rapidez determinados cambios.

El estudio deja, no obstante, cuestiones abiertas. Los investigadores señalan que todavía será necesario determinar con mayor precisión qué parte de la aceleración observada está relacionada con las modificaciones de las condiciones atmosféricas y cuál es la contribución individual de factores como la evaporación, las precipitaciones, los aportes de los ríos o el intercambio de agua con el Atlántico a través del estrecho de Gibraltar.

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