Un estudio detecta un aumento del agua cálida en el Mediterráneo que amenaza la acuicultura de doradas y lubinas
Una investigación internacional basada en 35 años de datos oceanográficos concluye que las masas de agua cálida están alcanzando mayores profundidades en el Mediterráneo, un fenómeno que puede afectar a la producción acuícola y aumentar el estrés térmico de especies como la dorada y la lubina.
Un
estudio internacional publicado en la revista científica Journal of
Environmental Management ha detectado una profundización progresiva
de las masas de agua cálida en el mar Mediterráneo durante las últimas décadas.
El trabajo, basado en datos recogidos entre 1987 y 2021,
advierte de que este fenómeno puede tener consecuencias directas sobre las
granjas marinas dedicadas al cultivo de peces, especialmente de dorada (Sparus
aurata) y lubina (Dicentrarchus labrax).
La
investigación analizó doce zonas acuícolas repartidas entre España,
Croacia, Túnez, Grecia, Turquía, Chipre y Egipto, constatando
que las isotermas comprendidas entre 20 y 28 grados centígrados se están desplazando
hacia capas cada vez más profundas, sobre todo en el Mediterráneo oriental y
meridional.
La temperatura óptima para las especies de cultivo se reduce
Los
científicos recuerdan que la dorada y la lubina representan más del 95% de la
producción mediterránea de peces marinos y que ambas especies
presentan un rango óptimo de crecimiento y desarrollo situado entre 18 y 24
grados centígrados. Cuando la temperatura del agua se aproxima
a los 29
grados, los peces comienzan a acercarse a sus límites fisiológicos
de tolerancia.
Para
evaluar la evolución térmica del Mediterráneo, los investigadores utilizaron
datos del programa europeo Copernicus Marine, comparando el periodo
comprendido entre 1987 y 2010 con el intervalo 2011-2021.
Uno de los parámetros principales fue la profundidad de la isoterma de 25 grados
centígrados, considerada crítica para la alimentación, el
crecimiento y la salud de estas especies.
Los
mayores incrementos se registraron en Túnez, donde la profundidad aumentó 129,7 metros,
seguida de Chipre
con 122,6
metros y Grecia con 80,9 metros. En el caso de España, los incrementos
fueron más moderados, alcanzando 52,5 metros en la costa oriental, 37,5 metros
en el sur peninsular y 19,9 metros en el sureste.
Esta
situación implica que el volumen de agua por encima de los 25 grados
ocupa una parte cada vez mayor de la columna de agua utilizada por las
instalaciones acuícolas, reduciendo el espacio disponible con temperaturas
adecuadas para los peces durante los meses más cálidos.
Mayor riesgo sanitario y menor rendimiento productivo
Los
investigadores advierten de que la expansión de las masas de agua cálida puede
provocar un aumento de los costes metabólicos de los peces, una menor
eficiencia alimentaria, reducciones en el crecimiento y una mayor vulnerabilidad
frente a enfermedades y patógenos oportunistas.
Además,
la intensificación de la estratificación térmica limita la mezcla vertical del
agua, reduciendo el intercambio natural de oxígeno y nutrientes, factores
esenciales para mantener unas condiciones adecuadas en las explotaciones
acuícolas.
Con
el objetivo de anticipar estos efectos, el equipo desarrolló el denominado Thermal
Anomaly Stratification Index (TASI), un nuevo indicador
diseñado para medir las desviaciones de la estratificación térmica respecto a
las condiciones históricas.
Los
autores consideran que este tipo de herramientas pueden ayudar a adoptar
medidas preventivas, como modificar los protocolos de alimentación, reducir las
densidades de cultivo, reforzar los programas sanitarios o incluso reubicar
instalaciones hacia zonas más profundas o con una mejor renovación de agua.
El
estudio concluye que la evolución térmica del Mediterráneo debe incorporarse a
la planificación futura de la acuicultura y a la selección de nuevas áreas de cultivo,
con el objetivo de anticiparse a los efectos del calentamiento marino y
garantizar la sostenibilidad del sector en las próximas décadas.











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