Las olas de calor marinas están alterando gravemente el Mediterráneo occidental
Un estudio internacional alerta de que estos episodios extremos afectan ya a más del 60 % del Mediterráneo occidental, modifican la red trófica y ponen en riesgo especies comerciales como la sardina o la merluza.
Un nuevo
estudio liderado por el Institut de Ciències del
Mar y el laboratorio LOCEAN-IPSL ha
confirmado que las olas de calor marinas están transformando profundamente los
ecosistemas del Mediterráneo occidental.
La
investigación, publicada en la revista Scientific
Reports, analiza por primera vez el impacto conjunto de estos fenómenos
extremos sobre el ecosistema marino y sobre las actividades pesqueras que
dependen de él.
Según el
trabajo, las olas de calor registradas durante la última década han llegado a
ocupar más del 60 % del Mediterráneo occidental,
alcanzando temperaturas cada vez más elevadas, una mayor duración y
profundidades mayores que en el pasado.
La
investigadora del Institut de Ciències del Mar
Andrea Kaplan, una de las autoras
principales del estudio, advierte de que estos fenómenos ya no son
excepcionales.
“Los eventos
extremos ya no son una excepción, sino un componente estructural del cambio
climático en el mar Mediterráneo”, señala la investigadora, que destaca además
que sus efectos tienen consecuencias directas e indirectas sobre la ecología
marina.
El sur del Mediterráneo alcanza las temperaturas más extremas
Las olas de
calor marinas son episodios prolongados en los que la temperatura del mar se
sitúa muy por encima de lo normal. El estudio demuestra que en las últimas
décadas estos fenómenos se han vuelto más frecuentes, intensos y duraderos
debido al cambio climático.
Sin embargo,
la respuesta del Mediterráneo no es uniforme. Mientras que el norte del área
analizada presenta los mayores aumentos respecto a la temperatura habitual, es
el sur el que registra los valores absolutos más elevados.
Las zonas más
afectadas son el Mar de Alborán y el Mar de Argelia, donde las temperaturas alcanzadas
generan un estrés térmico extremo para muchas especies.
La
investigadora Camila Artana explica que
estas temperaturas alteran la distribución de las especies y afectan
especialmente a la actividad pesquera existente en estas zonas.
Además, los
investigadores subrayan que las olas de calor no actúan de forma aislada, sino
que agravan problemas ya existentes en el Mediterráneo, como la sobrepesca, la
contaminación o la creciente presión sobre el espacio marino.
Fitoplancton, peces y aves responden de forma diferente
El estudio
muestra también cómo las olas de calor modifican toda la red trófica marina.
Las especies
situadas en la base de la cadena alimentaria, como el fitoplancton o el
zooplancton, reaccionan rápidamente a estos cambios de temperatura. Sin
embargo, las especies de mayor tamaño y crecimiento más lento, como los peces o
las aves marinas, tardan mucho más en mostrar los efectos.
El coautor
del estudio, Francisco Ramírez, explica
que las olas de calor reconfiguran ecosistemas enteros tanto por el estrés
térmico directo como por los cambios en las relaciones entre especies.
Por su parte,
Camila Artana advierte de que los efectos
sobre peces y otras especies de niveles tróficos altos pueden no ser visibles
hasta meses o incluso años después de la ola de calor.
Esto
significa que el impacto de estos episodios se acumula con el tiempo y debilita
progresivamente la capacidad de recuperación del ecosistema mediterráneo.
La sardina y la merluza, entre las especies más amenazadas
La
investigación apunta además a un posible impacto importante sobre especies de
gran valor comercial, entre ellas la Sardina
y la Merluza.
Los
científicos consideran que las poblaciones de estas especies podrían estar
disminuyendo con más rapidez de la prevista debido a la combinación entre
sobrepesca y olas de calor marinas.
La
investigadora Marta Coll sostiene que esta
situación obliga a aplicar medidas de gestión más ambiciosas para proteger a
las especies más vulnerables y garantizar el futuro de la pesca.
Entre las propuestas planteadas figuran la protección de áreas
marinas clave, la reducción de la sobrepesca y la disminución de la
contaminación, con el fin de aumentar la resiliencia de los ecosistemas y de
las actividades económicas ligadas al mar.











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