Cofrentes avanza en la construcción del nuevo almacén nuclear mientras continúa la incertidumbre sobre su cierre en 2030

La central nuclear de Central Nuclear de Cofrentes prevé finalizar este año las obras del nuevo Almacén Temporal Individualizado para combustible gastado, una infraestructura clave para mantener la operatividad de la planta hasta, al menos, abril de 2027.

La central nuclear de Cofrentes continúa ejecutando trabajos de actualización de sus instalaciones mientras permanece pendiente la decisión definitiva sobre el calendario de cierre previsto para noviembre de 2030. Entre las actuaciones más importantes destaca la construcción del nuevo Almacén Temporal Individualizado (ATI) destinado al almacenamiento de combustible nuclear gastado y residuos especiales generados por la planta.

Las obras, tal como detalla el digital Voxpopuli, comenzaron en mayo de 2025 y avanzan según los plazos previstos, con el objetivo de que la infraestructura quede terminada a lo largo de 2026. La instalación deberá estar operativa antes de abril de 2027, fecha en la que el actual sistema de almacenamiento alcanzará su capacidad máxima.

El nuevo ATI se ubicará junto al almacén en seco ya existente, en las proximidades de las torres de refrigeración de tiro natural de la central. Además de combustible irradiado, permitirá almacenar determinados residuos especiales derivados de la actividad nuclear.

Infraestructura preparada para riesgos sísmicos

El proyecto cuenta con autorización del Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico y está siendo ejecutado por una unión temporal de empresas formada por las compañías valencianas Grupo Bertolín y Energy Services.

La inversión supera los 10 millones de euros y contempla la construcción de dos losas de hormigón armado diseñadas para soportar eventos sísmicos y situadas en una cota no inundable. Como medida adicional de protección, el ATI estará rodeado por muros de contención destinados a reducir la radiación emitida por los contenedores.

Los ATI se han implantado en distintas centrales nucleares españolas ante la falta de consenso político y social para construir un almacén centralizado de residuos nucleares en España, una solución que sí existe en otros países europeos. Sin embargo, este tipo de instalaciones individuales presentan una capacidad limitada y una vida útil estimada inferior a los 50 años.

El combustible irradiado permanece inicialmente almacenado en piscinas situadas dentro del edificio del reactor, donde pierde parte de su actividad y calor residual. Posteriormente, cuando estas instalaciones alcanzan su capacidad, los residuos son trasladados al ATI en contenedores secos especialmente diseñados para su conservación.

Paralelamente, el futuro de la central deberá definirse durante 2027, ya que un eventual cierre en 2030 obligaría a iniciar con antelación diversos trabajos técnicos y de seguridad para ejecutar el desmantelamiento de la planta.

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