Un estudio científico confirma que el cambio climático agravó la dana de Valencia de 2024
La investigación, publicada en Nature Communications, concluye que el calentamiento global aumentó un 55% el área con lluvias extremas y elevó significativamente la intensidad de las precipitaciones en el peor desastre natural del siglo en España.
La influencia del cambio climático en la dana que asoló Valencia
el 29 de octubre de 2024, y que dejó 238 fallecidos, es “clarísima”. Así lo resume el
investigador Carlos Calvo-Sancho,
actualmente en el Centro de Investigaciones
sobre Desertificación (CIDE-CSIC), quien ha liderado el primer
estudio que analiza en profundidad el comportamiento interno de la tormenta. El
trabajo, publicado en Nature Communications,
concluye que el calentamiento global no solo incrementó la cantidad de lluvia,
sino que amplió de forma muy significativa su área de impacto.
Según los resultados, el cambio climático aumentó
en un 55% la superficie donde se superaron los 180 litros por metro cuadrado,
umbral considerado de riesgo extremo en el litoral mediterráneo. Además,
intensificó la tasa de precipitación en seis horas en un 21% y elevó el volumen total de lluvia en la
cuenca del río Júcar en un 19%
respecto a un escenario preindustrial.
Precipitaciones inéditas y un mar
1,2 ºC más cálido
Aunque el litoral levantino sufre
episodios torrenciales de forma cíclica, la dana de octubre de 2024 alcanzó
dimensiones sin precedentes en el interior de Valencia. En Turís se registraron
771 litros por metro cuadrado en 15 horas, cuando
la media anual en la ciudad de Valencia ronda los 475 l/m². También se
contabilizaron 243 l/m² en Utiel,
174 l/m² en Mira (Cuenca) y 167 l/m² en Álora (Málaga).
El estudio ha simulado la tormenta
a escala kilométrica mediante un sistema similar a un “gemelo digital”,
comparando su comportamiento en el clima actual con uno sin el calentamiento
acumulado en los últimos 150 años. La investigación demuestra que la
temperatura del Mediterráneo, que aquel día estaba 1,2
ºC por encima de lo normal, incrementó el vapor de agua
disponible en la atmósfera y alteró la dinámica de la tormenta.
Un mecanismo no lineal que
intensificó la tormenta
Los investigadores explican que el
aumento del vapor de agua generó más calor latente, reforzando las corrientes
ascendentes y modificando la microfísica de las nubes. Este proceso no lineal
provocó tormentas organizadas que se autorregeneraron durante horas sobre la
misma zona, intensificando y extendiendo las precipitaciones.
En el estudio han participado
también la Agencia Estatal de Meteorología
y el Consejo Superior de Investigaciones
Científicas, durante la etapa de Calvo-Sancho en la Universidad de
Valladolid.
Un aviso para el futuro del
Mediterráneo
Más allá del análisis del episodio
de 2024, los autores advierten de que los fenómenos extremos en el Mediterráneo
occidental podrían evolucionar hacia tormentas más virulentas y complejas. Los
escenarios proyectados para eventos de lluvia extrema, señalan, ya empiezan a
hacerse evidentes.
La
investigación subraya la necesidad urgente de acelerar las estrategias de
adaptación al cambio climático y reforzar la resiliencia urbana ante una
amenaza que, según la evidencia científica, será cada vez más frecuente e
intensa.











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