El Mediterráneo está subiendo 4 milímetros al año
El nivel del mar en la cuenca mediterránea está aumentando a un ritmo cercano a los 4 mm anuales, por encima de lo previsto, y ya está amplificando los daños de temporales cada vez más intensos.
El mar Mediterráneo está registrando una subida media
de unos 4 milímetros al año, una cifra que supera las
previsiones iniciales y confirma la aceleración del fenómeno en los últimos
ejercicios. Este incremento, provocado principalmente por el calentamiento global, responde a dos factores
clave: la expansión térmica del agua al elevarse su
temperatura y el deshielo de glaciares y casquetes
polares, que aporta más volumen a los océanos.
Los datos
satelitales indican que entre 1993 y 2022
la subida media global fue de 3,3 mm
anuales, mientras que en los años más recientes la tasa ha
rozado los 4,5 mm por año, con especial impacto en la cuenca
mediterránea. En el periodo 2005-2015,
el ritmo ya alcanzaba los 3,6 mm
anuales, un valor sin precedentes en el último siglo.
Este aumento
no es un dato estadístico abstracto. Para los países ribereños representa un riesgo real y creciente, especialmente cuando se
combina con fenómenos extremos como las marejadas ciclónicas. La reciente
borrasca Borrasca Harry, que azotó
el este de Sicilia, Calabria y Cerdeña en enero de 2026, evidenció cómo estos
cambios están modificando el paisaje costero. En la costa jónica se registraron
olas de hasta 10 metros, certificadas por la boya
de Catania, que provocaron socavones en paseos marítimos, carreteras anegadas y
daños estructurales significativos.
El problema
no se limita a la intensidad del temporal. Un nivel medio del mar más alto
actúa como efecto amplificador. Cuando la base desde la que
rompen las olas es mayor, el agua alcanza zonas que antes permanecían a salvo.
En costas con poca pendiente, una subida vertical aparentemente modesta puede
traducirse en un avance horizontal considerable. Así, un incremento acumulado
de 10 centímetros, equivalente a unos 25 años al ritmo actual, puede provocar un
retroceso de la línea de costa o una invasión de 10
metros o más durante episodios de fuerte oleaje.
Las costas
mediterráneas figuran entre las más vulnerables de Europa. La erosión costera es ya una emergencia crónica en
numerosos tramos, donde playas enteras se encuentran en riesgo de desaparición.
A ello se suman factores humanos como la destrucción de cordones dunares, la
reducción del aporte natural de sedimentos debido a presas y embalses, y la
proliferación de espigones que alteran la deriva litoral. La urbanización
intensiva ha debilitado aún más la capacidad de defensa natural del litoral.
En este
contexto, fenómenos como el temporal Gloria
en 2020 o la reciente borrasca Harry dejan de ser episodios excepcionales para
convertirse en señales de una tendencia estructural. El calentamiento de las
aguas superficiales transfiere más energía a las tormentas, intensificando el
oleaje y acelerando la erosión.
Los expertos
advierten de que repetir soluciones de emergencia, como la construcción de barreras rígidas o nuevos espigones, puede ofrecer
protección inmediata pero agravar el problema a medio y largo plazo. Sin una
gestión adecuada, estas infraestructuras alteran el transporte natural de
sedimentos y desplazan la erosión hacia zonas colindantes, generando nuevos
desequilibrios.
El aumento del nivel del mar no es
reversible a corto plazo, pero sí es posible mitigar sus
efectos mediante estrategias de adaptación basadas en la restauración de dunas,
la protección de humedales y una planificación urbanística más prudente. El
desafío para los países mediterráneos ya no es anticipar un escenario futuro,
sino actuar ante una realidad presente que amenaza tanto al patrimonio natural
como al económico y cultural del litoral.











Comentarios
Publicar un comentario